• Pedro Cayuqueo

Bienvenidos a la modernidad

Sigue en aumento la tensión por el conflicto y no hay solución a la vista. Al caso Maldonado se suma el crimen policial del joven Rafael Nahuel en Bariloche. ¿Por qué los mapuche hoy estamos protestando en ambos lados de la cordillera? Pase y lea.



La semana pasada el fiscal de Neuquén, José Gerez, se reunió con su par de la Araucanía, Cristián Paredes, para compartir información sobre la protesta mapuche en el sur de Argentina y sus posibles nexos con Chile.

No necesitaba viajar a Temuco para averiguar algo que está más que documentado por la academia y reconocido por el derecho internacional: que los mapuche, acá y allá, constituyen un solo pueblo, una misma nación, preexistente a los Estados modernos, como lo reconoce la propia Constitución argentina. Y con nexos tan cotidianos como históricos. ¡Si hasta usamos la misma bandera!

Para ello bastaba con googlear. O con leer alguno de los muchos libros disponibles sobre el tema. Literatura existe y bastante.

Contrario a lo que muchos piensan, no es que el “conflicto mapuche” haya cruzado de repente la cordillera de los Andes; ha sido permanente en ambos lados desde que las tropas militares de Saavedra y Urrutia, Roca y Villegas, se coordinaron en la segunda mitad del siglo XIX para invadir e incorporar a la soberanía de los Estados el último territorio libre de América.

Hablamos del Wallmapu, el histórico territorio mapuche rico en ganado cimarrón, sal y tierras para el cultivo, y que en su lado oriental tocaba incluso las puertas de Buenos Aires. Basta chequear la toponimia para caer en cuenta de aquello. O visitar alguna de las comunidades mapuche de Los Toldos, en las tierras reconocidas por Mitre y la Legislatura porteña en 1867 al cacique Ignacio Coliqueo.

Mal no les fue a las jóvenes repúblicas con aquella guerra de invasión. Argentina, tras incorporar entre 1878 y 1885 las “quince mil leguas” que retrata en sus libros el cronista Estanislao Zeballos, pasó a ser potencia económica mundial. Y con un PIB per cápita más alto que el de Alemania. Llegó a ser conocida incluso como “el granero del mundo”.

A Chile tampoco le fue nada mal. Una vez “pacificada” la Araucanía a cañonazo limpio entre 1868 y 1881, rápidamente la región se transformó en la “California chilena”, un imán para colonos extranjeros y hacendados pero también para renegados, bandidos y cuatreros de la peor calaña. Un Far West sureño que pese a la violenta repartija de tierras inicial se transformó a poco andar también en “el granero de Chile”.


El conflicto en ambos lados de la cordillera de los Andes tiene explicación. Hunde sus raíces en la historia. Negar en Argentina su validez con frases del tipo “los mapuche son chilenos” es también negar su necesaria gestión política.

En esta guerra no contada por la historia oficial se encuentra el origen de muchos de los conflictos actuales. De aquella época datan en Chile los títulos de merced, el origen de las “reducciones” hoy llamadas comunidades por la legislación indígena. Son más de tres mil al sur del Biobío. Y no pocas arrastran litigios interminables con propietarios privados que cada tanto estallan en violencia.

De la misma época datan las “colonias de indios” en Argentina, una de ellas la Colonia Pastoril Cushamen en la provincia de Chubut. Hablamos del epicentro del conflicto en Patagonia. Allí cerca murió ahogado Santiago Maldonado tras una violenta carga de Gendarmería. Allí cerca están las tierras que los activistas de la “Pu Lof” reclaman encapuchados a la familia Benetton. Y no muy lejos, a dos horas por la ruta 40, Villa Mascardi.

¿Cómo aquellas tierras, reconocidas por el Estado argentino a los mapuche en 1901, terminaron un siglo más tarde en manos italianas? ¿Cómo los Benetton se transformaron en el mayor propietario privado de Argentina con cerca de un millón de hectáreas en Neuquén, Río Negro y Chubut?

Son preguntas interesantes para los fiscales de Neuquén y Bariloche. También para el gremio periodístico, muy dado a las noticias falsas y a ser utilizado por los servicios a la hora de manipular a la opinión pública. Lo hemos visto en el caso de Rafael Nahuel. “Activista muere en enfrentamiento”, titularon en primera plana la mayoría de los medios trasandinos. Por estos días han debido rectificar. Y es que las pericias han sido concluyentes: no hubo armas de fuego en manos de los mapuche. Solo piedras.

El conflicto en ambos lados tiene explicación. Hunde sus raíces en la historia. Negar su validez con frases del tipo “los mapuche son chilenos” es también negar su necesaria gestión política. Este ha sido el principal déficit del Gobierno de Mauricio Macri: intentar resolver por la vía policial y a tiros un conflicto político y cultural que demanda otro tipo de abordaje. Uno más inteligente.

La lucha de los pueblos indígenas es todo un desafío para las democracias latinoamericanas, un desafío moderno. Interpela a los Gobiernos no solo en lo relativo a la propiedad de la tierra, sino también en su modelo de desarrollo, estructura de Estado y concepción de la identidad nacional, discusiones todas de primer orden. A ello y no a una fantasmagórica RAM, de la cual mucho se habla y nada se prueba, se enfrentan hoy los vecinos argentinos.

Che, bienvenidos a la modernidad.




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