• Pedro Cayuqueo

Cautiverio Feliz

El libro del célebre maestro de campo de los tercios españoles es un clásico de la literatura colonial que pide a gritos una nueva adaptación para reflexión y disfrute de las nuevas generaciones.



Por estos días releo el libro Cautiverio Feliz, título abreviado de la extensa relación de sus vivencias con los mapuche del maestro de campo Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán. Fechada el año 1673, se trata de un clásico de la literatura colonial chilena que lamentablemente no ha tenido nuevas adaptaciones desde la década de 1940. Dos han sido las más difundidas: El Cautiverio Feliz de Pineda y Bascuñán del poeta y escritor Angel Custodio González; y Bascuñán, el cautivo del escritor Alejandro Vicuña, ambas publicadas el año 1948 por las editoriales Zig-Zag y Nascimiento respectivamente.

Si bien ambos libros buscaban facilitar su lectura, principalmente para fines escolares, el resultado siguió siendo una abultada versión, mutilada del texto original y con un marcado sesgo colonialista. Sucedió que siguiendo la mirada de los historiadores y pedagogos decimonónicos, ambas versiones subrayaban las descripciones negativas de los mapuche por sobre las positivas también consignadas y extensamente en la obra. De allí sus constantes referencias a las "borracheras" de los mapuche, a las machi como "brujas" o "hechiceras demoniacas" y a nuestra sociedad como "bárbaros" incorregibles. Todo muy en clave racismo científico.

La mutilación de la obra ha sido la tónica en sus escasas adaptaciones modernas. Todas se basan en el manuscrito que tras permanecer olvidado en la Biblioteca Nacional por casi dos siglos años, en 1863 y bajo la tutela del historiador Diego Barros Arana pasó a formar parte del tercer tomo de la Colección Historiadores de Chile. Dicha versión junto a la Edición Crítica de dos tomos de Mario Ferrecio y Raissa Kordic (2001, RIL Editores) son las únicas que han plasmado la obra en su totalidad, incluyendo el cautiverio del autor en Wallmapu y además sus extensas divagaciones políticas, religiosas y morales, tal vez lo más fascinante de la obra.

El propio Pineda y Bascuñán aclara en su manuscrito que su objetivo no es otro que comunicar al rey Carlos II, a quien está dedicado, lo que considera las erradas políticas en la administración colonial, en las estrategias militares en la Frontera y en el propio trato a los mapuche.

Sí, es el relato del joven capitán capturado por guerreros mapuche en la batalla de las Cangrejeras (1629, cercanías de Yumbel) y de los siete meses que pasó prisionero. En sus páginas, con gran frescura y amena descripción, todo lo vivido, lo comido y lo bailado por él al sur del Biobío. Sucede que mal no lo pasó, sus anécdotas las cuenta y por montones. La suya fue tal vez la primera inmersión cultural de un winka en territorio mapuche de la cual tenemos detallado registro. Notable testimonio del encuentro de dos culturas, la española y la indígena, todo bajo el gentil auspicio de visionarios lonkos y caciques que no solo le perdonaron la vida, también lo protegieron.

Sí, todo ello es Cautiverio Feliz, pero también es mucho más que eso.

A juicio de destacados intelectuales chilenos como Pablo Neruda, Álvaro Jara y Mario Góngora, la obra es también la más incisiva reflexión ético-política acerca de los regímenes gubernamentales de Chile en el siglo XVII, así como un lúcido alegato contra las interminables e injustas guerras desatadas por los gobernadores españoles en la “frontera araucana”.

Según Barros Arana notables son las noticias que el autor entrega acerca de los mapuche, su sistema militar, su industria y organización política. También de la colonia y su (mal) gobierno, a juicio del cautivo la principal razón de la desastrosa Guerra de Arauco. “Bascuñán se ha esforzado en dar a conocer los abusos del sistema de encomiendas, la codicia de los encomenderos, la rapacidad de los que traficaban con los indios y el mal pago que se daba a los buenos servidores del rey mientras eran premiados algunos hombrecillos desprovistos de todo mérito”, escribe el historiador.

Sergio Correa Bello, autor en 1965 del primer estudio sistemático sobre la obra, daría especial relieve a su carácter de libro político si nos atenemos, como advierte debemos hacerlo, a la intención con que fue escrito entre 1657 y 1673, es decir, con posterioridad al devastador Futa Malón (gran levantamiento) de 1655. “Bascuñán está en la línea de pensamiento de los escritores políticos del siglo XVII: su libro es un reclamo insistente encaminado a obtener del poder público la satisfacción de sus necesidades particulares, que son en general las de los beneméritos y, en un sentido más amplio las de todos los vasallos”, subraya Correa.

El propio Pineda y Bascuñán aclara en su manuscrito que su objetivo no es otro que comunicar al rey Carlos II, a quien está dedicado, lo que considera las erradas políticas en la administración colonial, en las estrategias militares en la Frontera y en el propio trato dado a los mapuche. Un libro político pero también un alegato indigenista pionero en Chile como lo advirtieron el sabio letón Alejandro Lipschutz y el escritor José Anadón, este último autor de la biografía más detallada que existe del célebre maestro de campo: Pineda y Bascuñán, defensor del araucano, publicada en 1977 por Editorial Universitaria.

Cierro esta columna con un dato para aquellos lectores amantes de la historia: Cautiverio Feliz, en su versión original de 1863, está disponible gratuitamente en el sitio www.memoriachilena.cl Es un clásico de nuestra literatura que pide a gritos una nueva adaptación para reflexión y disfrute de las nuevas generaciones.

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