• Pedro Cayuqueo

Una ruca para todos


Ruca en mapudungun significa casa y es ahí donde vivían tradicionalmente los mapuches. Antiguamente, cuando alguien quería construir su ruca, le pedía permiso al espíritu Ngen-mapu para establecerse en el lugar, y debía avisar a un superior para dar el aviso al resto de la comunidad. Así, el futuro dueño de la ruca debía recolectar los elementos para la construcción, mientras que las personas de la comunidad junto con él trabajaban construyendo la ruca; realizando un trabajo comunitario llamado rukatun o rukan.

Para los mapuches, la ruca cumple tres funciones como son dormir, cocinar y guardar y los que podían tenían una para cada función. Su estructura está basada en dos sólidos maderos de árboles nativos, la techumbre y paredes tienen un tejido de fibras vegetales de gran resistencia a las húmedas condiciones del clima de la zona en que viven; en su centro está un fogón o kutralwe, formado por piedras, detalle de gran importancia ya que ardía constantemente en el centro del hogar, ya que en él, según la tradición, reside el Ngen-kütral y la entrada principal de la ruca siempre está orientado hacia donde nace el sol.

Hace algún tiempo, Pedro Cayuqueo junto con Editorial Catalonia nos presentó el libro “Esa ruca llamada Chile”. El libro reúne más de 50 crónicas de su nuevo libro, que vienen de diferentes medios escritos en Chile. El volumen actual es una continuación de su publicación anterior, "Solo por ser indios" (2012), y fue presentado en Nueva York, en la Cumbre Mundial de Pueblos Indígenas, evento organizado por la ONU.

A pesar de los diversos temas que cubren estas crónicas tienen como características comunes mostrar que lo que piden los mapuches no son demandas añosas, reivindicando a un pasado romántico de los pueblos originarios, sino que son un rescate actual, vigente de la necesidad de reconocimiento y de diálogo con la Nación chilena.

Otra cosa importante, es que hay una visión que, a pesar de ir más allá de la reducción indígena, no sale de ella para analizar la realidad general chilena, en un espacio simbólico como es la ruca que se traslada simbólicamente al espacio común republicano donde entran todas las voces, todos los derechos, todas las miradas poniendo en común la diversidad que existe en Chile.

Las crónicas de este libro “buscan abrir una reflexión sobre Chile y cómo la demanda del pueblo mapuche se inserta en el ingreso a la modernidad. El libro es una mirada también a los chilenos, una invitación a conocer nuestros pueblos y a construir juntos una ruca grande, una casa grande, donde quepamos todos, iguales en nuestra diferencia, como se estila en países desarrollados en materia de pueblos indígenas".


En sus escritos, Cayuqueo pone las cosas en su lugar y va eliminando las ideas preconcebidas sobre el “conflicto mapuche” al usar un vocabulario honesto, sin excesos logrando que el lector no se canse y se interese por una parte de nuestra sociedad que no ha tenido ni el reconocimiento ni el respeto que se merece.

Además, es una invitación a conocer a los mapuches ya no desde los libros de historia sino que desde la realidad que viven estas comunidades. En este libro, Pedro hace una reflexión desde la contingencia mostrando un profundo respeto por sus ancestros y por el pasado de su pueblo.

En este libro se aprecia que este conflicto no puede reducirse a hechos de violencia calificados como delitos, no solo “cuando algo se quema” sino que necesita de una comprensión más global y desprejuiciada del contexto histórico, social, cultural y económico que lo rodea y lo envuelve y que permitiría un conocimiento más amplio de este conflicto por parte de la sociedad chilena.

Lo que llama la atención es que a pesar de que los textos hablan de las arbitrariedades que se comenten, estos están escritos sin sesgos ideológicos, sin ortodoxias lo que permite que el lector establezca sus propias conclusiones e incluso, en algunos momentos, se ría de la ignorancia de quienes pretenden ser mejores que los mapuches.

En sus escritos, Cayuqueo pone las cosas en su lugar y va eliminando las ideas preconcebidas sobre el “conflicto mapuche” al usar un vocabulario honesto, sin excesos logrando que el lector no se canse y se interese por una parte de nuestra sociedad que no ha tenido ni el reconocimiento ni el respeto que se merece siendo el principal conflicto no resuelto en más de dos siglos de vida independiente tema que ha cruzado a todos los gobiernos republicanos y que se mantiene sin mayor esfuerzo en las primeras planas de las noticias.

Para el autor “el día tengamos un presidente de origen mapuche, Chile se reconciliara con sus orígenes”. Pero, ¿cómo seguir ignorando que existió y sigue existiendo una gran comunidad mapuche en Chile?

En el proceso de construcción de nuestra identidad valorar el ancestro de los pueblos originarios, especialmente el mapuche, ha sido un proceso difícil.

En el siglo XIX y principios del XX, la necesidad de crear un “nosotros” colectivo llevó a los gobernantes a establecer y enseñar pautas culturales, mitos de origen y un conjunto de símbolos tendientes a la consolidación de una identidad nacional chilena, que tenían mucho de eurocentrismo, lo que hizo que todo lo relacionado con “lo americano” fuera considerado como malo. En Chile, como en otras naciones de América Latina, se impuso una interpretación unilateral de la historia de quienes solo intentaban justificarse lo que hace que, hasta el día de hoy, sea difícil encontrar o admitir otra historia que no sea la oficialmente contada

En este proceso, a los pueblos originarios, especialmente al pueblo mapuche, mediante su ocultamiento, negación e incluso su degradación se les ha relegado a un segundo plano contribuyendo a su invisibilidad negando su contribución en la construcción de esta nación.

Ese es el mayor peligro de lo que está ocurriendo con el pueblo mapuche, porque ese constante ninguneo de nuestras raíces y de nuestras identidades originarias nos puede llevar a una existencia que nada tenga que ver con nosotros y con lo que somos en realidad.



Por Loreto Soler





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