• Pedro Cayuqueo

El Chile mestizo

El Estado de Chile estará integrado por varias naciones indígenas, es lo que consagra la propuesta de texto constitucional. Sin embargo, un curioso argumento esgrimen hoy los contrarios a este avance democrático.



Hay un argumento en contra de la nueva Constitución muy de moda actualmente en las filas del rechazo. Se resume en la idea de que en Chile todos seríamos mestizos, ergo no existirían las naciones indígenas que tantos “privilegios” lograron en la propuesta de texto constitucional. Y esto último, sabido es, sólo gracias a izquierdistas reconvertidos en indigenistas, los mismos que habrían respaldado sin cuestionamiento alguno la odiosa agenda de los escaños reservados. Ese es más o menos el discurso.

Por lo burdo pareciera el contenido de una típica cadena de Whatsapp que se viraliza entre los residentes de un condominio. No cometamos el error de minimizar sus implicancias. Menos aún cuando uno de los intelectuales favoritos de los grandes medios, el antropólogo Pablo Ortúzar, acaba de argumentar de manera sorprendente lo mismo. Lo hizo esta semana en una columna publicada en el sitio web del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), influyente centro de estudios de derecha, fundado y financiado por personas ligadas al Opus Dei.

“No sólo somos un pueblo efectivamente mestizo, sino que nuestra identidad nacional siempre lo ha sido también […] A diferencia de los colonos ingleses u holandeses, los españoles se mezclaron masivamente con la población indígena. Y el mundo que emergió de esa mezcla, con todas sus injusticias estructurales a cuestas, no se parece en nada a la realidad Neozelandesa o Canadiense”, subraya Ortúzar en directa alusión a dos de los modelos foráneos que inspiraron a los convencionales indígenas.

“Por lo mismo, las políticas de reparación diseñadas en esas latitudes resultan difícilmente aplicables a nuestra realidad, en que lo indígena es un asunto de grado y no de absolutos. Compartimos sangre, territorio y costumbres […] ¿No es evidente lo problemático que resulta recargar de privilegios al que se presente como indígena en un contexto tal? La propuesta constitucional establece una diferencia odiosa [entre chilenos]”, lanza finalmente el antropólogo, en un razonamiento calcado al del historiador Sergio Villalobos.

Según Villalobos, los “araucanos” —que así nos llama, negándose a reconocer nuestra autodefinición como “mapuche”— desaparecieron debido a su activo mestizaje con los españoles primero y con los chilenos después. Y todo ello producto de nuestro deslumbramiento con los caballos, las armas de acero, el aguardiente y las mujeres de los españoles, desconozco si exactamente en ese orden. Puestas así las cosas los “mal llamados mapuche” no seríamos otra cosa que mestizos [chilenos], parte de una sola gran nación [chilena], quintaesencia latinoamericana del mestizaje ideal.


Sí, mestizaje español-indígena hubo en la zona central, muchísimo, así nace Chile y la propia sociedad chilena. Pero al sur del Biobío, en el Wallmapu, la realidad fue muy diferente, en parte debido a la frontera que separó ambas sociedades por más de tres siglos, en parte por el propio racismo de los chilenos hacia “los indios.

En honor a la verdad la tesis del Chile mestizo ni siquiera es original de Villalobos, pertenece a Nicolas Palacios, un médico veterano de la Guerra del Pacífico precursor de un movimiento nacionalista que alcanzó su máxima expresión en la segunda década del siglo XX. Fue en 1904 cuando publicó su libro Raza chilena, obra en la que realizó una apología del pueblo chileno, condenando la adopción de modelos culturales extranjeros. Palacios subrayaba en su obra el carácter mestizo de Chile, a su juicio una "raza superior" formada por la mezcla de conquistadores de raza goda y valientes "araucanos".

Lo curioso es que a diferencia de Villalobos y Ortúzar, Palacios no niega la existencia de los mapuche. Todo lo contrario. A comienzos del siglo XX le aflige nuestra condición desmedrada, así como las "largas e insensatas campañas de desprestigio" —exacerbadas con ocasión del primer Centenario— que impulsaban diarios, revistas y hasta publicaciones oficiales contra los primeros habitantes de Chile. Años en que se llegó a debatir, denuncia horrorizado, "la conveniencia de suprimir del himno patrio los versos en que nos gloriamos de llevar su sangre". Todo un mapuchista Palacios.

Cierro con dos comentarios sobre el Chile mestizo.

Sí, mestizaje español-indígena hubo en la zona central, muchísimo, así nace Chile. Pero al sur del Biobío, en el Wallmapu, la realidad fue muy diferente, en parte debido a la frontera que separó ambas sociedades por más de tres siglos, en parte por el propio racismo de los chilenos hacia “los indios", ya vimos denunciado tempranamente por Palacios. Sí, el chileno es mestizo y está bien que hoy se reconozca como tal. Hasta no hace mucho era una realidad que se negaba rotundamente, al punto de ser lo blanco y europeo el espejo racial favorito entre las élites y sectores populares. De allí ideas tristemente célebres como “mejorar la raza”.

Luego, ¿son mestizos los mapuche? Existe un porcentaje de personas “champurrias”, así se les llama, pero en ningún caso representan la norma. Sí, existen los Marileo González y los Tapia Lincopi, pero étnicamente hablando nuestra identidad sigue siendo muy marcada, en especial en las zonas rurales y sobre todo en aquellos bolsones lingüísticos donde es el mapuzugun y no el castellano la lengua de uso social. Prueba de ello también nuestros apellidos (Cayuqueo Millaqueo en mi caso) y, lo principal, nuestra voluntaria adscripción a un ethos cultural e identitario diferente del winka.

Querido lector, querida lectora, la nación mapuche sí existe. También la bella nación chilena. ¿Pueden ambas convivir, pacífica y democráticamente, dentro de un mismo marco estatal? Sí, es lo que precisamente nos propone como desafío el texto constitucional que votaremos en septiembre.

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