• Pedro Cayuqueo

El día de la marmota

El gobierno acaba de lanzar el denominado Acuerdo por La Araucanía / Plan Impulsa. Este busca, según las autoridades, cimentar una nueva relación con el pueblo mapuche y traer paz y desarrollo económico a la región. ¿Alcanza para destapar champaña?



Es imposible en Chile destapar champaña (o bien muday) por anuncios o propuestas gubernamentales en materia de pueblos indígenas. Ayer lunes no fue la excepción. Y es que el denominado Acuerdo Nacional por la Araucanía del presidente Sebastián Piñera recuerda mucho al fallido Plan de Reconocimiento y Desarrollo para la Araucanía del segundo mandato de Michelle Bachelet. Este fue dado a conocer en junio de 2017 y de sus propuestas -pendientes desde los años noventa- nunca más tuvimos noticias.

A los pies del cerro Ñielol el mandatario desempolvó e integró a su anuncio buena parte de aquellas tareas inconclusas de su antecesora. Entre las más destacadas; nueva institucionalidad indígena, reconocimiento constitucional y participación política en el Congreso. En verdad no hablamos de grandes novedades. Todas son propuestas posibles de rastrear en los gobiernos de Lagos, Frei e incluso Aylwin allá por los albores de la transición democrática.

Estos anuncios bien podrían ser bautizados como nuestro “día de la marmota”, ello por la similitud de sus puestas en escena con el personaje de Bill Murray en aquella célebre película de 1993. En ella Phil Connors, un meteorólogo y presentador de televisión bastante estúpido, repite una y otra vez las mismas 24 horas hasta que logra hacer lo que debe hacer. Atrapado en el tiempo, su vida es un eterno deja vu, tal como nos pasa a los mapuche con este tipo de anuncios.

¿Correremos de nuevo la misma suerte que Murray?

Hoy Chile tiene la oportunidad histórica de ponerse al día con avances que en otros países hace rato cumplieron mayoría de edad. Fue en los noventa cuando gran parte de las democracias latinoamericanas avanzaron en reconocimientos constitucionales, participación política y legislaciones ad hoc para los pueblos indígenas. El caso colombiano es el más sorprendente de todos. Y también el menos estudiado. Tal es el rezago de Chile, al menos dos décadas respecto del vecindario.

¿Qué se debate hoy al respecto en Ecuador, Bolivia o Colombia? ¿Reconocimientos en deuda desde el Quinto Centenario? En absoluto. Se debaten temas que Naciones Unidas califica como mínimos estándares de buena salud para un sistema democrático moderno; autonomías territoriales indígenas, plurinacionalidad del Estado, plurilinguismo y educación superior intercultural, pluralismo jurídico y nuevas categorias de ciudadania e identidad nacional.


Nadie sabe cuánto tiempo estuvo atrapado el personaje de Bill Murray en aquella película. En el film se muestran treinta y ocho versiones distintas del día de la marmota. Hasta que logró sacar las debidas lecciones y librarse de aquel fatídico bucle temporal. Los mapuche llevamos casi treinta años en lo mismo.

En Chile estos temas siguen siendo lejanos y casi inexistentes en el debate público nacional. Basta señalar que habitualmente son caricaturizados como discursos o ideas “separatistas”, “radicales” e incluso “subversivas” por élites políticas, económicas y culturales que siguen ancladas en otro siglo, en aquel de la supremacía blanca y el menosprecio de la diversidad cultural y étnica que nos caracteriza de Arica a Magallanes. Tal es nuestro subdesarrollo político y mental.

Pero a ratos suceden cosas que brindan esperanza de no seguir -como Bill Murray- atrapados en el tiempo. Permítanme mencionar dos de ellas.

Por un lado, el diálogo político transversal y sin exclusiones odiosas que se atrevió a impulsar el ministro Alfredo Moreno. Aquello requirió coraje y muñeca política. Y una buena dosis de pragmatismo, a estas alturas uno de los principales “activos” de su creciente liderazgo público. Lo mismo su inusitado despliegue en terreno, algo que el propio senador Francisco Huenchumilla reconoció como nunca antes visto en la Araucanía. “Fútbol total” le llamó el congresista en referencia a la mítica naranja mecánica de Johan Cruyff.

Por otro, las pugnas al interior de ChileVamos sobre el “tono” de la propuesta presidencial. Estas reflejan un saludable quiebre entre aquellos dispuestos a empujar una agenda de derechos indígenas y quienes, por el contrario, desprecian profundamente de aquello. No solo la autorización al machi Celestino golpeó duro a los segundos. También el no incluir el gobierno en su anuncio la “venta de tierras indígenas”, una verdadera obsesión del latifundio y los gremios sureños. Para usuarios de Netflix, hablamos de la familia Snell de la serie Ozark.

“Las diferencias y tensiones en la región se originan a mediados del siglo XIX con la decisión del Estado de Chile de ocupar las tierras del río Biobío al sur, con chilenos del norte y extranjeros europeos traídos para poblar la zona. A ello se sumó una política de Estado tendiente a integrar a los pueblos originarios a la sociedad occidental, sin respetar su cultura y tradiciones ancestrales”, señala parte del texto del Acuerdo Nacional por La Araucanía. Es un texto impensado hace una década para la derecha, prueba de un irreversible cambio cultural.

Nadie sabe cuánto tiempo estuvo atrapado el personaje de Bill Murray en aquella película. En el film se muestran treinta y ocho versiones distintas del día de la marmota. Hasta que logró sacar las debidas lecciones y librarse de aquel fatídico bucle temporal. Los mapuche llevamos casi treinta años atrapados en nuestro propio día de la marmota. Que este 2018 sea por favor el último.



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