El terror de APRA
- Pedro Cayuqueo

- 18 may 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 18 may 2025
El pasado 6 de mayo el Presidente Boric recibió en La Moneda el informe de la Comisión para la Paz y el Entendimiento, 21 recomendaciones para una salida política al conflicto. Solo la extrema derecha se opuso.

Hasta que salió humo blanco. En el último día de su mandato la Comisión para la Paz y el Entendimiento llegó a acuerdo tras casi dos años de trabajo. Solo el comisionado Sebastián Naveillán, representante del mundo agrícola, gremial y forestal se restó de apoyar las 21 recomendaciones basadas en cinco ejes: justicia y reconocimiento, reparación a las víctimas, tierras, desarrollo territorial, y garantías de la implementación. Sus razones, qué duda cabe, se relacionan con el particular mundo que le tocó representar en la instancia.
No es sorpresa para nadie que dueños de fundo y grandes agricultores son, desde un comienzo, parte del problema que enfrentamos en las regiones del sur. Ya sea por la dudosa legitimidad de origen de sus propiedades o bien por sus nulas aptitudes interétnicas, se trata de un mundo —y de un ecosistema político— reacio a cualquier atisbo de avance en la materia. Y qué decir del mundo forestal, industria protagónica en la conflictividad que nos acompaña desde hace más de tres décadas. El cuestionamiento hacia ellos ya no es solo mapuche y eso dice bastante.
Pudiendo ser parte de la solución, el mundo gremial sureño ha optado por seguir siendo parte del problema. La Multigremial, de escandaloso y corrupto paso por la gobernación de la Araucanía, ha torpedeado hace años cualquier intento de avanzar en abordajes políticos. En su miope visión del conflicto son los militares y la fuerza pública los únicos llamados a intervenir, tal como en los tiempos de Cornelio Saavedra y Gregorio Urrutia. De las raíces históricas del conflicto mejor ni hablar. Su cerrazón sólo es comparable a la que afecta de manera crónica a los radicales del bando contrario.
Los polos opuestos se atraen reza el dicho popular y lo mismo pareciera suceder con los extremos de uno y otro lado. La permanencia del conflicto —y en especial su agudización a cualquier costo— les es absolutamente funcional. Inagotable nicho electoral para los primeros, cantera de reclutamiento para los segundos. En uno y otro caso la misma ceguera frente a un escenario de confrontación y de vulneración de derechos que al final del día solo afecta a los mismos de siempre: comunidades mapuche empobrecidas, trabajadores no indígenas de diversos rubros, pequeños propietarios rurales. No verlo es negar la realidad.
La Multigremial, de escandaloso y corrupto paso por la gobernación de la Araucanía, ha torpedeado hace años cualquier intento de avanzar en abordajes políticos. En su miope visión del conflicto son los militares y la fuerza pública los únicos llamados a intervenir, tal como en los tiempos de Cornelio Saavedra y Gregorio Urrutia.
Por suerte el voto de Sebastián Naveillán fue el único disidente. Alfredo Moreno —ex canciller de Sebastián Piñera y heredero natural del piñerismo—, Nicolás Figari y la senadora Carmen Gloria Aravena, todos de derecha, apoyaron decididamente lo obrado en estos 22 meses. Aravena debió incluso renunciar al Partido Republicano por las presiones para que votara en contra. No lo hizo y su renuncia habla muy bien de su compromiso con la búsqueda de una solución política. También de su estatura moral y ética, tan escasas en la política actual. Pero no solo eso. La senadora también apuntó con dureza contra la Asociación por la Paz y la Reconciliación en La Araucanía (APRA).
“Hay un grupo en mi región que se llama APRA, que es del terror y que miente descaradamente, que genera un discurso de odio entre mapuches y no mapuches que realmente es peligroso, ¿qué queremos con estos discursos? ¿Más muertes? Somos diferentes porque tenemos orígenes distintos, pero todos tenemos un valor”, fustigó Aravena. APRA, curioso nombre tratándose de verdaderos instigadores del odio racial, es una agrupación de extrema derecha liderada por Francisco Alanis, empresario ligado al rubro de la construcción, pero de extensas redes en la Araucanía. Su brazo armado son las redes sociales que estarían a cargo de Anne Gutiérrez, hermana del vicepresidente de APRA Justo Gutiérrez.
"No hay ni puede haber una razón que nos haga enemigos", escribió Bernardo O'Higgins en 1819 a las jefaturas mapuche del sur. Las últimas huestes realistas campeaban al sur del Biobío y el prócer buscaba atraer a los lonkos a la causa independentista. Bien le fue con algunos. La mayoría, sin embargo, prefirió mantener una prudente distancia. Equivocados no estaban estos últimos. Expulsados los españoles quedaron en Chile los criollos y junto a ellos una codicia desmedida por nuestras tierras. De allí la invasión militar y posterior guerra acontecida en la segunda mitad del XIX. Reconocer y reparar esta mala historia es parte del camino a transitar. No hay atajos.
Las propuestas de la Comisión se orientan en dicho sentido, en especial aquellas referidas a la restitución territorial y a la reparación del daño causado. Muchas de ellas deberán traducirse en proyectos ley en el futuro, otras dependen solo de la voluntad presidencial. ¿Qué sucederá con las propuestas? ¿Se guardarán en un cajón como aconteció con las recomendaciones de la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato del año 2005? Se trata de una noticia en desarrollo. Por lo pronto, que las inconsistencias de Republicanos y el terrorismo discursivo de APRA hayan quedado al descubierto constituye un gran paso hacia adelante.




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