• Pedro Cayuqueo

Más de lo mismo

Tras semanas de incertidumbre La Moneda volvió a recurrir a una herramienta que Boric había prometido desechar en Wallmapu: el uso de militares en labores de orden público.



“Esto ya lo he vivido”, dice Neo en la primera película de la saga Matrix después de ver pasar dos veces al mismo gato negro. “Un déjà vu suele ser un fallo en la Matrix”, le explica Trinity. Déjà vu es una expresión francesa que significa, literalmente, ya visto y fue acuñada por el investigador Émile Boirac (1851-1917) en su libro L'Avenir des sciences psychiques. Son vivencias nuevas que se experimentan como acontecimientos ya vividos o sentimientos ya percibidos. Esto es algo muy común entre los mapuche, en especial a nivel político.

Como Neo muchos percibimos esta semana que los anuncios en materia indígena del gobierno de Boric ya los habíamos vivido antes. Y no una, varias veces. ¡Tal vez incontables veces a lo largo de la última década! Sucede que nada nuevo hay en el Plan Buen Vivir presentado por la ministra Izkia Siches en La Moneda. Es básicamente el Plan Araucanía de Piñera, que a su vez era una copia con esteroides del Plan de Reconocimiento y Desarrollo Indígena de Bachelet II. Es decir, un déjà vu tras otro, tal como acontece al bueno de Keanu Reeves en Matrix.

Se trata de políticas públicas indígenas donde solo destaca la prioridad al proyecto de ley que crea el Ministerio de Asuntos Indígenas, medida necesaria pero que, nobleza obliga, ya figuraba también como anuncio en los planes de Piñera II. Pero sigamos repasando los déjà vu. Siches anunció además que La Moneda retomaría “la vieja tradición de parlamentar del pueblo mapuche”. Hasta ahí todo perfecto. Sin embargo, de la lectura del documento se desprende que los parlamentos se limitarían a temas de vivienda, conectividad y telecomunicaciones, entre otras áreas. Ergo, rascarán donde no pica.

¿Sabrá el Presidente Boric y su Gabinete que los parlamentos eran solemnes juntas diplomáticas donde españoles y mapuche resolvían controversias y pactaban la paz en tiempos de la Guerra de Arauco? ¿Se imaginan acaso al toqui Lientur discutiendo con la Corona sobre pavimentos participativos o del aislamiento térmico de las rucas en invierno?

Más allá del pomposo nombre hablamos de los mismos “diálogos ciudadanos” de Bachelet, “diálogos comunales” de Eduardo Frei o las tan recurrentes como fallidas “mesas del Ñielol” impulsadas por Piñera I y II. Déjà vu tras déjà vu. Por si no bastará, el Plan Buen Vivir fue anunciado como acompañamiento del verdadero plato principal de aquella noche: el nuevo Estado de Excepción decretado por el primer mandatario para Wallmapu o la mal llamada Macrozona Sur. “Sí, esto también ya lo hemos vivido”, diría el peñi Neo.

¿Sabrá el Presidente Boric y su Gabinete que los parlamentos eran solemnes juntas diplomáticas donde españoles y mapuche resolvían controversias y pactaban la paz? ¿Se imaginan acaso al toqui Lientur discutiendo con la Corona sobre pavimentos participativos o del aislamiento térmico de las rucas en invierno?

Aquí radica tal vez lo más grave. El Estado de Excepción es la perfecta continuidad de las inconducentes políticas de seguridad de la administración Piñera. Las mismas que, sin incidir mayormente en los altos índices de violencia de un conflicto ya desbordado, costaron el año pasado la vida de Jordan Liempi Machacan (23 años), joven mapuche de Cañete asesinado por infantes de marina en las afueras de su domicilio. También varios otros heridos a bala en las complicadas rutas de la Provincia de Arauco. Es lo que sucede cuando se involucra al Ejército o la Armada en labores de orden público: alguien irremediablemente termina muerto o baleado.

“Aprobar la extensión del estado de excepción no es estar a favor de la paz, es permitir la guerra y el derramamiento de sangre, es permitir la violencia”, esgrimía el año pasado la entonces diputada Camila Vallejo (PC) a la hora de rechazar la prorroga de la misma medida al Gobierno de Piñera. Cinco meses más tarde, cambia todo cambia. “Lo que se busca es garantizar la libre circulación y que las necesidades puedan ser atendidas por el Estado”, argumentó sobre lo mismo la hoy ministra estrella del Gabinete.

No estuvo sola en su justificación. Guillermo Teillier, timonel de su partido, descartó incluso que haya habido disputas internas en Apruebo Dignidad respecto de la polémica medida. "Todos los presidentes de partidos estuvimos de acuerdo en apoyar el estado de excepción, todos los que apoyamos al Gobierno sabíamos que había que hacer algo en la macrozona sur. No podíamos caer en el inmovilismo", declaró en entrevista con El Mercurio. "Ahora, hay que ver cómo resulta", agregó Teillier. No, no es broma. Así de chapucero todo.

El Presidente Boric ha caído en la vieja receta de tratar el conflicto en Wallmapu mediante la aplicación de políticas sectoriales y el incremento de la seguridad pública en las zonas conflictivas. En pocas palabras, la vieja y manida estrategia de la zanahoria y el garrote vigente hace dos décadas: políticas públicas e inofensivos diálogos para los buenos; fuerza pública, fiscales especiales y unidades militares para los sospechosos de siempre. Las cosas, por dolorosas que sean, hay que decirlas como son: ni por asomo es el abordaje político que Boric y Cía nos prometieron en campaña.

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