• Pedro Cayuqueo

El gran territorio del sur

A fines del periodo colonial un importante tratado reconoció la autonomía y derechos territoriales williche. Un hito histórico para conmemorar en septiembre.


En estos días de fiestas patrias los mapuche también conmemoramos un valioso hito de nuestra historia. Me refiero al Parlamento General de Las Canoas entre los williche y la corona española. Esta junta tuvo lugar entre el 8 y 11 de septiembre de 1793 a orillas del río Rahue en Osorno. Allí se reunieron importantes lonkos con el Gobernador de Chile, Ambrosio O’Higgins, padre del prócer chileno.

En esos años el Futawillimapu o “gran territorio del sur” abarcaba desde el río Toltén hasta Chiloé y era el hogar de los clanes williche. Aclaro que williche no es una denominación étnica, significa “gente del sur” y es una de las identidades territoriales que componen la gran nación cultural y lingüística mapuche. Pero innegable es que su rica historia daría para varios libros aparte.

Lo charlamos en 2019 con el historiador Eugenio Alcamán, destacado investigador de la cultura, lengua e historia williche. Ambos coincidimos en la Feria del Libro de Puerto Montt, en el Melipulli de nuestros ancestros. Alcamán presentaba allí su libro Memoriales mapuche-williches. Territorios indígenas y propiedad particular (1793-1936), un acabado estudio sobre la poco santa constitución de la propiedad austral.

“No existe una sola historia mapuche y quien lo sostenga se equivoca. Existen tantas historias mapuche como identidades territoriales componen nuestra rica geografía social, lingüística y cultural. Prueba de ello es la historia de los cacicatos williche, distinta en ciertos aspectos a la mapuche de más al norte”, comentó Alcamán en aquella ocasión.

Tiene razón el peñi. En tiempos coloniales los williche en alianza con los puelche (“gente del este”, actual lado trasandino) sumaron sus lanzas al alzamiento general mapuche que destruyó, a fines del siglo XVI, las siete ciudades españolas al sur del río Biobío. Dos de ellas, Santa María la Blanca de Valdivia (1599) y San Mateo de Osorno (1603) caerían producto del asedio de sus weichafe.

Valdivia pudo ser refundada en 1645 tras el Pacto de Quilín (1641) firmado entre los mapuche y el Gobernador de Chile, Francisco López de Zúñiga. Osorno debería esperar mucho más tiempo, casi dos siglos. Su lenta refundación sólo fue posible tras la construcción del Camino Real entre Corral y Maullín, cuyas obras datan de 1787, y especialmente tras el Parlamento de Las Canoas que hoy recordamos en esta columna.


En Las Canoas los lonkos autorizaron la refundación de Osorno y el asentamiento de colonos españoles en la zona. Los hispanos, por su parte, reconocieron la jefatura de los caciques y el derecho de los clanes williche a gobernar sus territorios.

Celebrado en las cercanías del sitio de la antigua ciudad española, es considerada la junta diplomática más importante de la historia williche. Tuvo como antecedente previo el alzamiento de los cacicatos de Río Bueno y Ranco de octubre de 1792 y la consiguiente guerra española emprendida en contra de quienes buscaban, entre otras cosas, impedir la reapertura del Camino Real.

"La convocatoria al Parlamento General de Las Canoas fue decidida por el gobernador de Chile con la finalidad expresa de que los cacicatos consintieran la anhelada reapertura del camino de Valdivia a Chiloé y la repoblación de la antigua ciudad de Osorno, cuyas ruinas casualmente habían sido encontradas durante la campaña represiva de 1792", relata Alcamán. Y así sucedió.

En Las Canoas los lonkos autorizaron la refundación de Osorno y el asentamiento de colonos españoles en sus inmediaciones; aceptaron además la sujeción a la corona y comprometieron asistencia militar ante posibles amenazas externas. También, por supuesto, autorizaron la reapertura del famoso camino y el libre tránsito del correo entre las ciudades españolas.

Los hispanos, por su parte, reconocieron la estructura del cacicato y el ejercicio de su autoridad y jurisdicción en todos aquellos "asuntos internos" fuera de la administración colonial. En simple, su derecho al autogobierno. Hablamos del otorgamiento de un “fuero especial” coherente con la tradición del derecho internacional de aquel entonces, explica Alcamán.

“Este tratado constituye un hito histórico para las comunidades williche, por esta razón lo siguen recordando y reclaman aún su vigencia” se lee en el Informe Final de la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato del año 2003. "Los caciques mapuche-williche desde la suscripción del Tratado de Las Canoas entendieron que éste les reconocía autonomía y derechos territoriales", subraya por su parte Alcamán.

En estas fiestas patrias chilenas sepamos también reivindicar este otro importante hito histórico, uno que debería enorgullecer a todos los habitantes del gran territorio del sur.


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