• Pedro Cayuqueo

El Wallmapu de mar a mar

Tras el reclamo inicial de un político provincial de Chubut, la ministra Izkia Siches ofreció insólitas disculpas por el uso del concepto Wallmapu. Había, por supuesto, otro camino.



“Para nada está en mi intención inmiscuirme en el territorio de nuestros hermanos trasandinos. Quiero ser muy clara, el término está enfocado a nuestro territorio nacional... Y si en eso he producido algún malestar, tanto a nivel nacional como a nivel transandino, pido todas las excusas correspondientes”. Con esas palabras la ministra del Interior Izkia Siches buscó terminar con la controversia suscitada en Argentina por su uso del concepto Wallmapu o país mapuche.

Lo cierto es que se trató de un despropósito. Ambas cosas, tanto sus disculpas públicas como la sobrerreacción de los políticos trasandinos, por lo visto tan ignorantes de su propia historia nacional como muchos de sus pares en Chile. El guaripola del reclamo fue el derechista ex ministro de Seguridad de Chubut, Federico Massoni, fallido candidato a senador por la misma provincia y un declarado opositor a las demandas territoriales de comunidades mapuche en la Patagonia.

“Si Chile quiere establecer nuevos posicionamientos o reconocimientos territoriales que lo haga porque me tiene sin cuidado (…) ahora, cuando esas acciones atentan contra la soberanía de mi país, sobre todo contra el territorio del Chubut, eso sí que nos debe preocupar“, dijo Massoni, un férreo opositor a la administración de Alberto Fernández que de manera insólita logró en Chile aquello que en su país le había sido imposible: pautear al gobierno.

“Le exigimos que les aclaren a los chilenos que no existe ningún Wallmapu”, cerró Massoni. Es la arraigada creencia de un sector de la clase política argentina: que el Wallmapu no existe y que los propios mapuche no serían otra cosa que piqueteros étnicos, indios truchos como los catalogó el periodista Jorge Lanata hace unos años en Esquel. De ser así, ¿por qué el uso del concepto Wallmapu —que es inventado, no olvidemos— por parte del gobierno chileno implicaría un atentado a su integridad territorial?

Curiosa contradicción la de estos, che.


Federico Massoni, político derechista de la provincia de Chubut, férreo opositor a la administración de Alberto Fernández, de manera insólita logró en Chile aquello que en su país le había sido imposible: pautear al gobierno.

Lo cierto es que hace tan solo 150 años atrás los mapuche habitábamos todo el sur de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Las extensas pampas fueron los dominios de nuestros ancestros, subdivididos a su vez en diversas parcialidades cuyas tolderías abarcaban precisamente hasta el Chubut. En ese vasto territorio nuestras jefaturas hicieron fortuna comerciando miles de cabezas de ganado de mar a mar, del Atlántico al Pacífico, de Puelmapu (la tierra mapuche del este) a Gulumapu (la tierra mapuche del oeste).

Y no digamos que eran unos desconocidos para los argentinos.

Consta que los mapuche se acercaban con bastante frecuencia a Buenos Aires, la capital. Lo hacían para parlamentar con las autoridades, vender sus productos —ponchos, cueros y plumas de avestruz los más requeridos por la población bonaerense— y proveerse de lo necesario para la subsistencia en sus territorios. Existía, más allá de las escaramuzas fronterizas, un nutrido flujo comercial entre ambas sociedades, tal como aconteció en la frontera oeste del río Biobío con los vecinos chilenos.

Los argentinos también cruzaban la frontera y por las mismas razones: parlamentos y comercio. Consta en las crónicas históricas que al menos una vez al año una gran expedición se dirigía desde Buenos Aires a Salinas Grandes, rico salar situado en el corazón de Wallmapu, al este de la actual provincia de La Pampa y que abastecía de sal a la ciudad puerto. Para cruzar las comarcas mapuche comerciantes y militares debían contar con la venia de los lonkos, negociaciones que se renovaban año tras año.

Salinas Grandes, distante a veinticuatro días de viaje de la capital, era una verdadera estación central de rutas o rastrilladas. Por allí circulaban guerreros, comerciantes, autoridades e inclusive exploradores europeos. Por su ubicación estratégica e importancia comercial a mediados del siglo XIX el gran toqui Calfucurá sentó allí las bases de un poderío económico y militar mapuche nunca antes visto: la Confederación Indígena (1830-1870). Napoleón de las Pampas le llama hasta nuestros días la historiografía argentina.

El Wallmapu, el país mapuche de nuestros ancestros, existió. Es un hecho histórico indesmentible, documentado por los propios historiadores y cronistas allende Los Andes. No hablamos de un estado en el sentido moderno, confusión tan absurda como recurrente. Se trata más bien de un vasto territorio cultural y lingüístico donde también hunden sus raíces ambas y jóvenes repúblicas sudamericanas. Fue lo que debió hacer la ministra Siches cuando estalló la polémica por el uso del concepto. Más que disculparse, educar.

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