• Pedro Cayuqueo

Volver a los Parlamentos

Por más de tres siglos fue la institución clave entre la corona española y los mapuche. Un espacio de diplomacia y alta política que bien podría destrabar el conflicto a futuro.


El pasado viernes líderes del Consejo de Lonkos y Machi de la Araucanía llegaron hasta La Moneda. Allí fueron recibidos por el presidente Piñera quien comprometió la participación del gobierno en un Füta Trawün o gran junta a realizarse próximamente en Carahue. Mismo compromiso asumieron autoridades del Congreso y el Poder Judicial, convocados a parlamentar una “solución histórica” al conflicto con la mediación del INDH.

Bien por el diálogo en un conflicto donde la lógica de los calabozos ha sido por lejos la predominante. Sin embargo se hace necesario aterrizar las altas expectativas. Sin la participación activa de los sectores mapuche movilizados, aquellos que con sus acciones han puesto el tema en la agenda pública pagando por ello un alto costo hablar de una solución histórica resulta cuando menos aventurado.

La paz, no debemos olvidarlo, se hace con los contrarios, no con los amigos o con quienes lejos están hoy de protagonizar los conflictos.

Es quizás la principal debilidad de la iniciativa: la ausencia en la convocatoria de la Coordinadora Arauco-Malleco, la Alianza Territorial Mapuche y aquellos lof movilizados en Ercilla, actores ineludibles. Lo propio sucede con el activo cordón Cañete-Lleu-Lleu-Tirúa en la zona lafkenche: brillan por su ausencia. Y no solo los “duros”. Tampoco figuran los institucionales alcaldes mapuche hoy agrupados en la Amcam.

Hay además otro factor que juega en contra.

No es secreto la cercanía del Consejo de Lonkos y Machi con la administración Piñera. Ello alimenta dudas y suspicacias. Lo propio sucede con la oportunidad de la convocatoria en medio de una prolongada huelga de hambre carcelaria sin solución y lo apresurado de su realización, en apenas un par de días más. Imposible hablar entonces de un “Parlamento” propiamente tal entre el Estado y el pueblo mapuche. No da para tanto.

Pero más allá de sus deficiencias es dable reconocer que los lonkos tocan una tecla que sí es correcta. Lo hacen al reivindicar el Füta Trawün o la tradicional junta mapuche como mecanismo de abordaje y resolución de controversias con el Estado. Allí lo interesante de la irrupción de lonkos y machi en el complejo escenario actual: nos muestran un camino, el de los parlamentos antiguos.


Sin la participación activa de los sectores mapuche movilizados, aquellos que con sus acciones han puesto el tema en la agenda pública pagando por ello un alto costo hablar de una solución histórica resulta cuando menos aventurado.

El Koyag fue la institución diplomática por excelencia en tiempos coloniales. A juicio del profesor José Manuel Zavala, editor de la monumental obra Los parlamentos hispano-mapuche 1593-1803, eran "tratados en el lenguaje del derecho internacional, contraídos por entidades autónomas que poseían potestad y representatividad para su ejecución". Hablamos de instituciones de alta política, no de tomateras como las ridiculizó Diego Barros Arana.

Sus preparativos tomaban meses y en ellos se involucraban altas autoridades de la Corona y las principales jefaturas mapuche. También los capitanes de amigos, comisarios de naciones y lenguaraces, actores claves de aquel fascinante mundo fronterizo. Los hubo acotados a un Fütalmapu (gran territorio nagche, wenteche, pewenche...) y otros de carácter general donde la convocatoria se ampliaba a todo el país mapuche, de mar a cordillera.

El más célebre de estos últimos fue el Parlamento de Negrete.

Tuvo lugar entre el 4 y el 7 de marzo de 1793 al borde del río Biobío por iniciativa del Gobernador de Chile Ambrosio O'Higgins e incluyó a parcialidades trasandinas. Buscaba ratificar acuerdos alcanzados en el Parlamento de Lonquilmo de 1783, diez años antes. El propio O'Higgins había dirigido esa junta pero con el rango de brigadier o jefe militar de la frontera. En Negrete lo hizo estrenando su nuevo cargo y para ello tiró la casa por la ventana.

Hasta hoy es considerado el más suntuoso, caro y solemne parlamento realizado en la frontera mapuche por el Imperio español.

Los parlamentos desaparecieron como institución a fines del siglo XIX, tras la invasión chileno-argentina de Wallmapu, y con ellos las grandes jefaturas basadas en los Fütalmapu. Fue entonces cuando los mapuche pasamos del derecho de gentes al derecho penal, es decir, de contraparte diplomática a ser perseguidos como delincuentes en nuestro propio suelo. Más de un siglo llevamos en ello y los resultados saltan a la vista.

¿No será acaso la hora de un cambio?


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