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  • Foto del escritorPedro Cayuqueo

Winka trewa, winka pillo

La recién aprobada ley de usurpaciones permite a civiles usar la fuerza para recobrar, por su cuenta, terrenos o inmuebles en cualquier momento. Una ley pensada contra las reclamaciones mapuche por su autor.



Es la última aberración en materia de populismo penal que el Congreso Nacional acaba de despachar como ley de la República. Hablo de la ley que regula los delitos de ocupaciones ilegales de inmuebles y terrenos, la también llamada ley de usurpaciones. Y es una aberración porque en uno de sus aspectos —por el cual ya se anunció un veto presidencial por parte de La Moneda— contempla la llamada legítima defensa privilegiada, esto es, la posibilidad cierta de que un civil o grupos de civiles recurran a la violencia armada para recuperar sus inmuebles o terrenos y cuando les plazca (flagrancia permanente). Sí, muchos concuerdan que se necesita una ley moderna que regule estos delitos, fije nuevas penas y, además, incorpore mecanismos eficientes de restitución a los afectados, pero otra cosa es renunciar a las herramientas del derecho y optar por la justicia con mano propia. Eso no es un estado de derecho, eso es el Far West.

No podía no ser así si uno de sus autores es el senador Felipe Kast para quien el conflicto en la zona sur no es más que una vieja película de vaqueros, con indios malos y colonos desamparados que, con el favor de dicha ley, supone se volverán habilidosos cowboys. Kast, en un acto de pirotecnia usual en su retórica, llegó a calificar la ley como “el proyecto más importante en décadas para La Araucanía”. Porque seamos claros, uno de sus objetivos no declarados es contener y penalizar duramente a aquellos sectores mapuche que ponen en entredicho la propiedad de la tierra. En simple, un traje hecho a la medida para los herederos de aquel despojo territorial que afectó a las jefaturas mapuche de antaño. ¿Sabían ustedes que además iguala las penas para la usurpación que se perpetra con violencia o intimidación, con aquella que se hace con violencia a las cosas? Es decir, poco importa si se amenaza con un arma a los propietarios o alguien simplemente derriba un portón, la pena será igual de drástica. No veo a muchos profesores de derecho penal alzando la voz ante tamaña locura. Deberían.

Seamos claros, si alguien sabe de la usurpación violenta de sus tierras y bienes somos los mapuche. La violencia militar fue la carta de presentación del estado en nuestra región. No fueron los fantasiosos parlamentos de Cornelio Saavedra, fue la guerra lo que incorporó nuestro territorio al estado y a los mapuche a la República. La guerra, con todo su drama humano. Más tarde fue también la violencia —de colonos, de bandoleros o de la propia policía rural— la carta de presentación de los recién llegados. Violencia contra los sobrevivientes, contra los vencidos, violencia tras violencia, despojo tras despojo, la codicia desatada por las tierras y los animales de nuestros bisabuelos, los derrotados en aquella guerra infame. “A la orilla del Toltén, tras tupido matorral, con donairoso vaivén, lava la india su chamal. Se endereza, se despeja, levanta su frente al sol y lanza al aire su queja a manera de canción. ¡Winka trewa! ¡Winka pillo! Me quitaste mi potrillo, mi casa, vaca y ternero”. Un viejo poema de los años cuarenta transformado en un himno por Atahualpa Yupanqui. A mi juicio lo resume todo. Testimonios sobran.


Seamos claros, si alguien sabe de la usurpación violenta de sus tierras y bienes somos los mapuche. La violencia militar fue la carta de presentación del estado en nuestra región. No fueron los fantasiosos parlamentos de Cornelio Saavedra, fue la guerra lo que incorporó nuestro territorio al estado y a los mapuche a la República.

Escribe el 10 de noviembre de 1896 el ñizol lonko Esteban Romero al presidente Federico Errázuriz (1896-1901). Lo hace “por sí, en representación de su numerosa familia y, a nombre de muchos y prestigiosos caciques de la Araucanía”, de los cuales da una extensa lista de trescientas personas, y señala “respetuosamente” que “ya no nos es posible soportar por más tiempo la cruel tiranía que sobre nosotros pesa. Las autoridades cooperan al despojo que nos hacen los especuladores de tierra y animales en la frontera, obligándonos a abandonar la tierra que tanto amamos y en que hemos vivido con nuestros padres, en la que sus restos descansan, con la que hemos alimentado a nuestros hijos y regado con nuestra sangre [...] Se nos martiriza y trata de exterminar de todos los modos. Las policías rurales nos vejan y quitan nuestros caballos y se nos hace responsable de cualquier robo que en la frontera se ejecute; se nos arrastra a la cárcel y allí se nos maltrata cruelmente y tenemos que sufrir el hambre y morir de pena y extenuación”.

Dictamina el 14 de octubre de 1901 el Protector de Indígenas, Eulogio Robles Rodríguez, con asiento en Temuco, que “sírvase hacer salir por medio de la fuerza pública a Belisario Sepúlveda que se ha ido a colocar al lado de la ruca de Pedro Cayuqueo, donde vive él y su familia desde tiempo inmemorial. Sepúlveda ha puesto trabajos en ese terreno sin ningún derecho”. No crean que allí se resolvió el asunto para mi atribulado ancestro. Consta en documentos de la época que al mes siguiente aún no se había dado cumplimiento a la orden de lanzamiento del winka Sepúlveda. Es más, con fecha 8 de noviembre el Prefecto recibió una nota de la Gobernación de Nueva Imperial ordenando que “no se dé cumplimiento al lanzamiento de Belisario Sepúlveda”. Quien tenga dudas le recomiendo visite el Archivo Regional de la Araucanía. Allí tomos y tomos de litigios judiciales por las tierras, allí las pruebas documentales del despojo violento y del otro "con papeles" del que fuimos víctimas como pueblo.

Senador Felipe Kast, pese a toda esta historia que relato, los mapuche en su inmensa mayoría no nos perdemos. Sabemos que no es la violencia armada entre civiles la que dirimirá las controversias pendientes en La Araucanía en materia de tierras y usurpaciones, sean las de ayer, sean las de hoy. No lo hará la violencia mapuche, mucho menos aquella que otros como usted parecieran añorar como respuesta. Apostar a ello es hacerlo por el salvajismo, por el enfrentamiento fratricida y por más dolor y desesperanza para nuestro territorio y sus habitantes. Se lo digo a usted, se lo he dicho también a los míos.

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